Preguntas para hablar con tu hijo de 5 a 8 años
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A los cinco, seis o siete años un niño te cuenta casi todo. Todavía no ha aprendido qué partes de su día se supone que son privadas, así que sale entero y en desorden: quién se sentó dónde, quién fue antipático en el recreo, qué estaba pensando mientras tenía que estar escuchando. Es la edad en la que la puerta está más abierta, y también es la edad en la que menos preguntas de verdad se hacen en casa, porque los días se van en logística y el niño parece que está bien.
Las preguntas de abajo están hechas para esa ventana. Son cortas, porque a los cinco años una pregunta larga se pierde por el camino. Son concretas, porque a esta edad una pregunta abstracta se contesta con un encogimiento de hombros. Y son de las que se pueden contestar mientras se hace otra cosa, que es cuando los niños hablan mejor.
Lo que las diferencia de una lista de preguntas es lo que viene con cada una. Debajo de cada pregunta hay dos cosas: qué escuchar en la respuesta y qué te está diciendo esa respuesta sobre tu hijo. Preguntar es fácil. Saber que un "jugué solo y estuvo bien" en un niño de seis normalmente sociable merece una segunda pregunta, y que un "no me acuerdo" a esta edad casi siempre es verdad y no una evasiva, es la parte que nadie pone en la lista.
Elige una. Hazla esta noche mientras secas los platos o vuelves en el coche. Y después quédate callado cinco segundos.
Conexión
Las preguntas que van a saber, en tamaño infantil, si siente que pertenece aquí. A esta edad la respuesta suele ser generosa e inmediata, y por eso es fácil saltárselas. Hazlas igual: estás dejando establecido que esto es algo que ustedes dos hacen.
- “¿Alguien fue amable contigo hoy, aunque fuera algo pequeñito?”
- “¿Cuál fue el momento de hoy en el que sentiste que estuvimos más cerca tú y yo?”
- “¿Tienes algún chiste que te mueras de ganas de contarme ahora mismo?”
Emociones
Los niños pequeños tienen emociones enormes y como seis palabras para nombrarlas. Estas preguntas entran por el cuerpo y por los ejemplos, en vez de pedirles que le pongan nombre a algo que todavía no saben nombrar.
- “¿Cuál fue un momento de hoy en el que te sentiste súper orgulloso de ti mismo?”
- “Cuando te pones nervioso, ¿qué sientes en la pancita?”
- “¿Hay alguna sensación que sientes a veces pero que no sabes cómo llamarla?”
Quién es
Un niño de esta edad se describe con las palabras que usan los adultos que tiene cerca. Estas preguntas te enseñan cuáles se le han quedado pegadas, y de vez en cuando que alguna no la eligió nadie a propósito.
- “¿Qué es lo que más te gusta de tener exactamente la edad que tienes ahora?”
- “Si fueras un animal, ¿cuál serías? ¿Por qué se parece a ti?”
- “Si fueras un superhéroe, ¿qué poder tendrías que se parezca a como ya eres tú?”
Familia
Para un niño de cinco años la familia no es una manera de organizarse entre varias. Es cómo está hecho el mundo. Estas son las preguntas que te enseñan para qué cree él que sirve esta casa.
- “¿Qué crees que hace que nuestra familia sea diferente a las familias de tus amigos?”
- “Si pudieras inventar una tradición nueva para nuestra familia este año, ¿cuál sería?”
- “¿Hay alguna historia de cuando eras bebé que te encantaría que te volviera a contar?”
Discusiones
Está aprendiendo lo más difícil que hay: que dos personas pueden querer lo mismo y ninguna estar portándose mal. Estas preguntas salen de situaciones reales de patio, no de teoría.
- “¿Tuviste algún problema con un amigo hoy, y cómo lo arreglaron?”
- “¿Qué se puede hacer cuando dos personas creen que las dos tienen la razón?”
- “¿Hubo alguna vez en que compartir algo fue más difícil de lo que pensabas?”
Límites y normas
A esta edad las normas son absolutas, y justamente por eso hay que probarlas. Estas preguntas van sobre lo que es justo y sobre qué pasa cuando una norma se rompe.
- “Si tú mandaras en esta casa, ¿qué regla nueva inventarías?”
- “¿Hay alguna regla en casa que te parezca injusta? ¿Por qué la sientes así?”
- “Cuando alguien te hace cosquillas y tú quieres que pare, ¿qué crees que debería pasar?”
Valores
El bien y el mal todavía son líneas nítidas, sin matices. Eso hace que esta sea la edad más fácil para oír lo que un niño cree de verdad, porque aún no ha aprendido a dar la respuesta diplomática.
- “¿Por qué crees que a veces compartir es difícil, aunque sabes que es lo correcto?”
- “Para ti, ¿qué significa de verdad ser un buen amigo?”
- “¿Hubo alguna vez que decir la verdad fue difícil, pero después te sentiste bien por haberlo hecho?”
Crecer
Los niños de esta edad se miden constantemente y en voz alta. Estas preguntas convierten eso en una conversación sobre qué significa para él hacerse mayor, que casi nunca es lo que significa para ti.
- “Hoy, ¿hubo algo difícil que resolviste tú solito, sin que nadie te ayudara?”
- “¿Hubo algún error que cometiste que al final te enseñó algo útil?”
- “¿Qué sabes hacer ahora que el año pasado todavía no podías hacer?”
Sueños y futuro
No esperes un plan de carrera. A esta edad el futuro es un disfraz, y lo que importa no es el oficio que dice sino lo que se imagina que ese oficio le dejaría hacer.
- “Si tuvieras bloques de construcción sin límite, ¿qué construirías?”
- “¿Hay algún lugar que te encantaría visitar, aunque todavía no exista en el mundo?”
- “Si construyeras tu propia casa del árbol o fuerte secreto, ¿qué cosas tendría adentro?”
Juego
A esta edad el juego no es un descanso de la conversación de verdad: es el idioma en el que ocurre. Estas preguntas sacan más de un niño de cinco años que cualquier pregunta seria.
- “Si pudieras inventar un juego usando solo almohadas, ¿cómo sería?”
- “¿Cuál es la voz más chistosa que puedes hacer para un personaje inventado ahora mismo?”
- “Si pudieras elegir el juego que toda la familia juega este fin de semana, ¿cuál sería?”
Cómo usarlas
Una por noche, no diez seguidas. Esto es una conversación, y una lista leída en voz alta es un interrogatorio.
Pregunta mientras hacen otra cosa. En el coche, secando platos, paseando al perro. Mirarse a los ojos sube la apuesta, y de lado se habla mejor que de frente.
Pregunta y luego cállate. Lo bueno casi siempre llega después del silencio que te daban ganas de rellenar.
No corrijas la respuesta. En cuanto una respuesta se califica, la siguiente viene calculada.
Cuando la respuesta es "no sé"
"No sé" casi nunca es el final. La mayoría de las veces significa "todavía no lo he pensado" o "estoy comprobando si esto se puede contar". Espera cinco segundos sin rellenar el hueco. Si aun así no llega, quítale presión y contéstala tú primero, en voz alta, sobre ti. Un hijo que te oye empezar aprende que la pregunta es una invitación y no un examen, y la respuesta suele aparecer más tarde, cuando ya no lo estás mirando.
Si una pregunta cae mal, déjala y prueba otra mañana. Aquí no hay ningún examen que se pueda suspender, y un niño que se siente examinado deja de contestar. Lo que importa es la costumbre: unos minutos, casi todas las noches, en los que lo único que hay en el orden del día es lo que él piensa.
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