Preguntas para hablar con tu hijo adolescente
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El consejo de siempre para hablar con adolescentes es hacer preguntas abiertas, y el resultado de siempre es un adolescente que contesta "bien" en un tono que cierra la conversación. El consejo no está mal del todo, simplemente apunta al problema equivocado. Un adolescente que dice "bien" no se está negando a hablar. Se está negando a hacer una entrevista cuando se la piden, a la hora que elegiste tú, sobre el tema que elegiste tú.
Lo que sigue funcionando a esta edad es estrecho, concreto e inesperado. No "¿cómo llevas el instituto?" sino "¿de qué profe de este año aceptarías un consejo de verdad?". La segunda se puede contestar, no tiene respuesta correcta y no le obliga a reconocer una emoción antes de estar listo. Además es más interesante de contestar, que importa más de lo que suele admitirse: los adolescentes le dan atención a lo que se la merece.
Cada pregunta viene con qué escuchar y qué te dice esa respuesta, y a esta edad esa segunda parte es donde está casi todo el valor. Un adolescente te dice muchísimo en cuánto edita. Una respuesta rápida, de pasada y con un punto de gracia a una pregunta seria no es una evasiva. Muchas veces es lo más sincero que va a decir en toda la semana, entregado con el seguro puesto.
Una última cosa. No las hagas sentados frente a frente en una mesa. Hazlas en el coche, andando, fregando. De lado se habla mejor que de frente a cualquier edad, y a esta es casi un requisito.
Conexión
A esta edad la conexión se demuestra estando, no preguntando. Estas funcionan igual, porque preguntan por su mundo y no por la relación que tienen ustedes dos.
- “¿Quién es esa persona con la que no tienes que explicar nada, que simplemente te entiende?”
- “De esta semana, ¿cuál fue el momento en que sentiste que estuvimos más cerca?”
- “¿Hay alguien fuera de la familia que, sin hacer ruido, te haya influido bastante?”
Emociones
Lo sienten todo y no reportan casi nada. Estas preguntas llegan a las emociones a través de situaciones y de otras personas, que suele ser la única puerta que queda abierta.
- “Cuando de verdad te sientes tranquilo, ¿qué sientes en el cuerpo? ¿Cómo lo notas?”
- “¿Hubo algún momento en que te sentiste orgulloso de ti mismo, aunque nadie más se diera cuenta?”
- “¿Cómo notas la diferencia entre estar cansado y estar triste?”
Quién es
Es el proyecto central de la edad: probarse identidades y ver cuál sobrevive al contacto con los demás. Estas son las preguntas que en secreto quieren que les hagan.
- “¿Hay alguna prenda o estilo que sientes que de verdad te representa?”
- “Si tuvieras que elegir la música que suena como el soundtrack de quién eres ahora mismo, ¿cuál sería?”
- “¿Hay algún apodo que te queda mejor que tu propio nombre?”
Familia
Los adolescentes juzgan a la familia, y la comparan con otras con todo detalle. Estas preguntas invitan a que ese juicio se diga en voz alta, que es incómodo y vale la pena.
- “Si algún día tienes hijos, ¿hay algo que hacemos en esta familia que querrías seguir haciendo con ellos?”
- “¿Qué crees que hacemos bien en esta familia que otras familias no hacen?”
- “¿Hay algún recuerdo de un viaje en familia que todavía te saca una sonrisa?”
Discusiones
Casi ninguna discusión a esta edad va de lo que parece que va. Va de autonomía. Estas preguntas van al tema de verdad.
- “¿Recuerdas alguna pelea con un amigo que, al final, dejó la amistad más fuerte que antes?”
- “Cuando notas que estamos claramente molestos contigo, ¿cómo preferirías que lo manejáramos?”
- “¿Hubo algún momento en que tuviste que mantenerte firme en algo, aunque fuera incómodo?”
Límites y normas
Ahora las normas se sienten como control, y debajo de cada discusión sobre ellas hay una sola pregunta: si te fías de él. Estas preguntas la hacen negociable en vez de explosiva.
- “¿Hay alguna regla nuestra que ahora te tiene más sentido que antes?”
- “Para ti, ¿dónde está la línea entre algo privado y algo secreto?”
- “¿Hay algún momento en que hubieras querido que te preguntáramos antes de sacar conclusiones?”
Valores
Está comprobando si tus valores son reales o son cosas que dices. Estas preguntas dejan que haga esa comprobación hablando contigo y no a escondidas.
- “Para ti, ¿qué hace que alguien sea de verdad de fiar?”
- “¿Hay alguna causa o tema que te importa más de lo que le importa a la mayoría de tus amigos?”
- “Cuando las reglas no encajan igual para todos, ¿qué significa para ti que algo sea justo?”
Crecer
Le han dado expectativas de adulto sin poder de adulto, y nadie le explica ese hueco. Estas preguntas le ponen nombre.
- “¿Hay algún error que te haya enseñado más de lo que te hubiera enseñado hacerlo bien a la primera?”
- “¿Qué es distinto entre quién eras hace un año y quién eres ahora?”
- “¿Hay alguna habilidad en la que has trabajado duro y que por fin está empezando a salir bien?”
Sueños y futuro
El futuro deja de ser una fantasía y se convierte en una presión justo por aquí. Estas preguntas bajan lo suficiente la apuesta como para que salga una respuesta real.
- “¿Hay algo de tu futuro que has pensado pero que nunca has dicho en voz alta?”
- “Si te imaginas un día perfecto, pero un día común, a los treinta años, ¿cómo sería?”
- “¿Hay algún lugar con el que sueñas, para vivir ahí o para conocerlo algún día?”
Juego
Los adolescentes siguen jugando. Solo que lo llaman de otra manera y preferirían que no lo señalaras. Estas preguntas los encuentran ahí.
- “¿Cuál es ese juego o actividad donde se te va el tiempo sin que te des cuenta?”
- “¿Hay algún chiste o broma interna que se haya vuelto costumbre con algún grupo de amigos?”
- “¿Qué hace que un día se sienta de verdad divertido, y no solo un día normal más?”
Cómo usarlas
Una por noche, no diez seguidas. Esto es una conversación, y una lista leída en voz alta es un interrogatorio.
Pregunta mientras hacen otra cosa. En el coche, secando platos, paseando al perro. Mirarse a los ojos sube la apuesta, y de lado se habla mejor que de frente.
Pregunta y luego cállate. Lo bueno casi siempre llega después del silencio que te daban ganas de rellenar.
No corrijas la respuesta. En cuanto una respuesta se califica, la siguiente viene calculada.
Cuando la respuesta es "no sé"
"No sé" casi nunca es el final. La mayoría de las veces significa "todavía no lo he pensado" o "estoy comprobando si esto se puede contar". Espera cinco segundos sin rellenar el hueco. Si aun así no llega, quítale presión y contéstala tú primero, en voz alta, sobre ti. Un hijo que te oye empezar aprende que la pregunta es una invitación y no un examen, y la respuesta suele aparecer más tarde, cuando ya no lo estás mirando.
Si sacas una buena conversación al mes con esto, es un buen ritmo. Los adolescentes no se abren cuando toca, se abren cuando se abre una ventana, y el sentido de preguntar con regularidad es estar delante el día que se abre una. Las preguntas no son el mecanismo. Serlo tú, el que pregunta siempre, sí.
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